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"Por el camino de Swann" de Marcel Proust es el primer volumen, publicado en 1913, de los siete que componen uno de los ciclos novelísticos más admirables de la historia de la literatura: "En busca del tiempo perdido". El libro se divide en tres partes, todas ellas variaciones sobre el tema del tiempo que inexorablemente queda atrás: "Combray", el pueblo de la infancia del protagonista, que lo rememora antes de dormir; "Un amor de Swann", o el despilfarro del tiempo en un amor, el de Odette y Swann, acosado por los celos; "Nombres de países: el Nombre", que gira en torno a los recuerdos de la adolescencia.
La obra comienza con uno de los episodios más célebres de la literatura universal: la evocación de la infancia a través de la degustación de una magdalena. Algo tan simple como esto permite al narrador recobrar los lugares y las personas fundamentales que llenaron su niñez. El narrador rememora su infancia en París y en el pueblo de Combray, cuyos caminos conducen a casa del refinado Swann y al castillo de Guermantes. Tras un desengaño con la hija de Swann, Gilberte, describe sus experiencias en una playa de moda, Balbec, y su nuevo amor por Albertine. Las localidades de Balbec y Combray (en la realidad Cabourg e Illiers-Combray respectivamente) son detalladamente descritas en la obra; por eso, son muchos los admiradores del autor que las recorren en busca de sus huellas en paisajes y lugares.
"Un amor de Swann" es casi una novela dentro de la novela en este primer volumen. Charles Swann, un joven y rico judío aceptado entre la aristocracia parisina de la Belle Epoque, se obsesiona por la bella prostituta Odette de Crécy, que a primera vista “no le gustaba”. El narrador reconstruye los amores de Swann y Odette, llenos de celos, pasiones y dudas, antes de su matrimonio. «¡Y pensar», exclama Swann al final del relato, «que he malgastado los mejores años de mi vida, que he deseado la muerte y he sentido el amor más grande de mi existencia, todo por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo!».
La película de Volker Schlöndorff “Un amor de Swann” recorre un día de la vida de Charles Swann. Lo encontramos acompañado por la duquesa de Guermantes, de su amigo el Barón Charlus, y, por supuesto de Odette Crécy. Más que una adaptación de la obra En busca del tiempo es una recreación que toma el libro como excusa para hacer un retrato fidedigno del París de la Belle Epoque y del retroceso que había experimentado la burguesía después de su triunfo en la Revolución Francesa, sin dejar de ser la clase ascendente. Las clases populares relegadas al lugar de la servidumbre en un mundo de ociosos están representadas como objetos sin alma, integrados en la decoración de las habitaciones, siempre pendientes de los deseos del señor y oyendo las conversaciones más escabrosas sin pestañear. La aristocracia marcaba el gusto y decidía quién entraba y quién no en sus grandes mansiones; frente a ella una burguesía ruidosa y vulgar, patrocinaba a nuevos talentos de la literatura o la pintura, y formaba sus propios círculos, con escasos traspasos entre ambos universos.
Swann se enamora de Odette Crézy, prostituta de lujo del círculo de Madame Vedurin, que jamás sería aceptada en el aristocrático círculo del judío erudito. Ambos juegan sus cartas: Charles siente una pasión enfermiza, de origen intelectual, tras asociar un rostro que en principio le parece vulgar, con la imagen de Shefora, la hija de Jetro y esposa de Moisé, de Boticelli, y está dispuesto a perderlo todo por satisfacer su capricho; Odette aspira a salir de su mundo sórdido de relaciones pagadas, casándose con su amante, y, buena conocedora de la sensibilidad masculina y de los juegos de poder en las relaciones amorosas, maneja a su antojo las inseguridades y los celos de Swann. Un día en la vida del protagonista es suficiente para transmitir al espectador estas sensaciones. En el epílogo vemos al personaje, ya viejo, confesando a su amigo Charlus, que siente que ha perdido mucho tiempo precioso de su vida, que ya no puede recuperar. Los miembros selectos de su grupo aristócrata no sólo excluyen de por vida a Odette, sino a su hija Gilberte, como si de una bastarda se tratara; los hombre recuerdan sus contactos con Odette a cambio de 500 francos.
Marcel Proust nació en el seno de una familia acomodada. Fue un niño asmático especialmente propenso a los desarreglos bronquiales y, por tanto, muy sensible al cuidado de la madre, una de las figuras capitales en su vida. Estudió en el Liceo Condorcet y muy pronto inició la carrera de Derecho, que abandonaría poco más tarde para relacionarse con la sociedad elegante de París. La muerte de su madre, ocurrida en 1905, supuso un antes y un después en la vida de Proust y posiblemente también en la suerte de la narrativa contemporánea. Tras un breve período alejado de toda actividad literaria y en el que se recrudeció su asma, tomó la decisión de abandonar la vida mundana y un tanto frívola de los salones aristocráticos para recluirse a escribir. La edición de 'Por el camino de Swann' fue costeada por el propio autor. La publicación pasó desapercibida para el público. Pero Proust continuó escribiendo. Su afiebrada obstinación obtuvo sus frutos con la aparición de 'A la sombra de las muchachas en flor' (1919); el libro obtuvo el prestigioso premio Goncourt. 'El mundo de los Guermantes' (1920), 'Sodoma y Gomorra' (1922), 'La prisionera' (1923), 'La desaparición de Albertina' (1925) y 'El tiempo recobrado' (1927) completan este monumento al tiempo interior y a las preguntas sin respuesta. Las tres últimas partes se editaron póstumamente. Proust falleció de un absceso en los pulmones un 18 de noviembre de 1922. Tenía 51 años. Reza la leyenda que la última palabra que pronunció fue “madre”.
El jueves 16 de junio de 1904, en su domicilio del número 7 de Eccles Street, Leopold Bloom, dublinés de 38 años, modesto agente de publicidad, melómano esencialmente indolente, hijo de un judío húngaro convertido al protestantismo que dio en quitarse la vida por razones poco claras, esposo de la muy sanguínea y muy católica Molly Bloom, hija a su vez de la sefardí gibraltareña Lunita Laredo, padre de un niño muerto, amigo de Stephen Dedalus, un exalumno aventajado de los jesuitas que, llegado el caso, fue incapaz de acceder a las peticiones de su madre que desde el lecho de muerte solicitaba unas preces de su vástago; este Leopold Bloom se disponía hacia las ocho de la mañana a preparar su desayuno, el de su esposa y el de su gata, antes de iniciar su intenso periplo dublinés durante el que se encontrará con Dedalus, que habia sido expulsado de la torre que compartía con sus indeseables compañeros. Stephen Dedalus, Haines (estudiante inglés interesado en la cultura vernácula irlandesa) y Malachi Buck Mulligan, habian desayunado en la torre. Durante ese desayuno Buck Mulligan hace una parodia de la misa y luego se produce una discusión por el alquiler. La situación está en crisis, será su última mañana en esa torre para el joven Dedalus. Su familia es muy pobre, su padre vaga por las tabernas de Dublín. Su madre ha muerto y él se arrepiente de su comportamiento. Su condición de irlandés choca con su deseo de partir al continente a escribir. El segundo capítulo sucede, a las 10 de la mañana, en el colegio de muchachos ricos, donde Stephen Dedalus da clases de literatura. Luego visita al director, anciano reaccionario y antisemita. El tercero capítulo dura lo que su lectura en voz alta. Su escenario es la costa, son las 11 de la mañana. Un velero de tres palos llega al puerto. Aquí comienza la verdadera odisea con el episodio intitulado, en la versión original, “Calipso”. Son las 8 de la mañana. Bloom le prepara el desayuno a su casquivana mujer. Un gato lo sigue. Preparará sus célebres riñones asados para su propio placer. Pensará en los 16 años de matrimonio. En una hija que parece llevar el camino de su madre, en un hijo muerto hace diez años, tras lo cual no ha vuelto a intentar el coito con su mujer. Bloom visita el retrete, piensa en el agente de su mujer, cantante profesional, y actual amante, lee un cuento en el retrete y piensa si podría escribir uno él mismo. Se limpia el trasero con el cuento, y parte a un entierro. El relato entra y sale de la mente de Bloom. En el quinto capítulo Bloom vaga por Dublín, va a buscar correspondencia de una posible amante con la que se escribe con un nombre falso, hay escenas callejeras, se mete en una iglesia, reflexiona sobre la eficacia de la liturgia desde un punto de vista publicitario, apuesta sin querer a un caballo que ganará veinte a uno y se va a los baños. El sexto capítulo es memorable. Podemos percibir todo el ruido de Dublín, quedan en la memoria el traqueteo del carricoche, las voces, las imágenes. Es el viaje al cementerio, al entierro de Paddy Dignam. Son las 11 de la mañana. El escenario del séptimo capitulo es el periódico donde trabaja Bloom, es mediodía. Bloom se cruza con Dedalus sin verse, todo es fugaz y borroso. En el octavo capítulo, Bloom se dirige a almorzar pero cambia de idea y toma un tentempié. El noveno capítulo sucede en la biblioteca entre 2 y 3 de la tarde. Stephen, sin almorzar pero con algunos tragos en el cuerpo, expone sus teorías sobre Shakespeare. Predomina el diálogo en esta sección y se abre, a través de la revisión de Hamlet, el mito “padre-hijo”. Bloom aparece sólo fugazmente. Como un personaje de fondo. El debate es entre los platónicos auditores y el aristotélico Stephen. No se llega a acuerdo alguno. El capítulo 10 sucede en las calles, entre 3 y 4 de la tarde y muestra dieciocho episodios cortos unidos al final por el paso del virrey a través de Dublín a manera de coda. El capítulo 11 se refiere a las dos camareras del bar, de las que vemos solamente medio cuerpo. Sucede entre 4 y 5 de la tarde. Bloom se cruza con Blazes Boylan, el amante de su mujer, escucha comentarios sobre ella, se habla de cantantes y de canciones. Intenta escribirle a la mujer que pretende como amante. Para evitar ser reconocido por una popular prostituta, dirige su mirada hacia el escaparate de un patriota haciendo un escabroso contrapunto con la descarga de sus ventosidades. El capítulo 12 es una parodia irritante y cáustica del nacionalismo irlandés. Son ya las 5 de la tarde y el escenario es nuevamente una taberna. Lo conduce un Narrador sin nombre, en interpolaciones constantes con El Ciudadano, obseso patriota. Bloom queda en medio de este debate. El capítulo 13 tal vez sea uno de los más delicados. Son las 8 de la tarde, sucede en la playa. Presenta a la muchachita Gerty Mc Dowell a la manera de la barata literatura sentimental y luego se mete en la mente de Bloom que la observa sentada en las rocas. El estilo flota entre la novela rosa y la mente de Bloom, quien comprobará que la bella muchacha tiene un pie lisiado y se aleja cojeando. El capítulo 14, ha sido uno de los capítulos más discutidos. Complejo, hermético, describe el encuentro entre Bloom y Stephen Dedalus. Bloom ha ido a la maternidad para saber sobre el difícil parto de Mrs. Breen. Los estudiantes de medicina beben, irrespetuosos, entre ellos Buck Mulligan, siempre burlón, y el joven Dedalus. La conversación es francamente obscena y llena de alusiones a la fertilidad y a la obstetricia. El capítulo 15, es la cumbre absoluta del libro. Dialogado en forma teatral, pone en escena las irrepresentables fantasías de Bloom y Dedalus. Sucede en la Ciudad Nocturna, el barrio de los prostíbulos. Es medianoche. Bloom ha seguido a Dedalus hasta el burdel. Cuando salen, Dedalus es golpeado por un militar y Bloom lo recoge sintiendo que algo tiene el malherido Stephen de su fallecido hijo Rudy. En el capítulo 16, Bloom y Dedalus esperan un cochero que no llega. Es el amanecer del día 17. La una de la madrugada. Bloom decide llevar al hambriento Stephen a su casa. No ha comido desde hace casi dos días. El capítulo 17, que sucede en la cocina de la casa de Bloom, está convertido en un juego de preguntas y respuestas que finaliza con ambos orinando bajo la noche estrellada. Bloom se despide de Dedalus y queda a solas con Molly. Comprueba la visita de Boylan, piensa en su padre suicida, mira a Molly en la penumbra. Despierta a Molly besándole sus nalgas, angustiado. Ella despierta sobresaltada, conversan. Es el retorno de Ulises. El epílogo sucede en la mente de Molly. Ya es de noche y no importa qué hora es. El tiempo ha desaparecido y con él la puntuación. La palabra es casi una excusa. Son imágenes sueltas, laxas, deshilachadas. Molly siente una nueva fuerza en Leopold, le atrae extrañamente la presencia de Stephen Dedalus, la idea de que viva con ellos. Es el triángulo, es la trinidad que se cierra. La novela ha terminado con un si mayúsculo, afirmativo, poderoso. Es ahí, en la mente de Molly, esta promiscua Penélope, donde la nueva fuerza de Bloom asesina a todos sus pretendientes.
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La acción transcurre en el campo, en un camino, al lado de un árbol, durante dos tardes. Aparecen dos vagabundos: Vladimir (también llamado "Didi") y Estragon (también llamado "Gogo") que esperan, en vano, a un tal Godot, al que no conocen de nada y con quien (quizás) tienen alguna cita. El público nunca llega a saber quién es Godot, o qué tipo de asunto han de tratar con él. Durante la aburrida espera, Estragon trata de persuadir a Vladimir de irse lejos o suicidarse, pero al final no hacen nada mas que pasar el tiempo conversando y a veces discutiendo. Entonces aparecen Pozzo y Lucky, que lleva una soga al cuello y es maltratado, continuamente por Pozzo. Lucky no se queja, porque prefiere ser mandado a tener que pensar por él mismo lo que tiene que hacer. Esta situación horroriza a Vladimir y a Estragon. Pozzo, quien afirma ser el dueño de la tierra donde se encuentran, se sienta para darse un festín de pollo, y más tarde tira los huesos a los dos vagabundos. Los entretiene haciendo a Lucky bailar animadamente, y entonces este les da un sermón improvisado sobre las teorías del Obispo Berkeley. Tras la partida de Pozzo y Lucky, un niño llega con un mensaje de Godot, aparentemente: no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde. El muchacho también confiesa que Godot pega a su hermano y que él y su hermano duermen en la buhardilla de un granero. Bruscamente oscurece y sale la luna. La primera jornada de espera ha terminado. El segundo acto mantiene una simetría respecto al acto anterior, de espacio, de tiempo, de los momentos en que aparecen los personajes y sus diálogos pero cuando Pozzo y Lucky llegan, Pozzo se ha vuelto inexplicablemente ciego y Lucky se ha quedado mudo. Asi, Pozzo, el maestro autoritario que, en el primer acto, llevaba a su sirviente, Lucky, para venderlo en el mercado, reaparece, en el segundo acto, dependiendo de Lucky. Y Lucky, quien después de haber sido capaz de recitar un sermón medieval en el primer acto, se muestra en el segundo, completamente idiota. Finalmente, el niño vuelve a aparecer afirmando que no es el mismo niño que el día anterior había traído el mensaje, y dice que Godot definitivamente no va a acudir. Entonces, Vladimir y Estragon vuelven a plantearse la posibilidad del suicidio en el árbol (un sauce). Didí y Gogó tratan de ahorcarse, pero renuncian. Cae el telón.
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Dirigida por Pier Paolo Pasolini
Edipo Rey es una obra de Teatro escrita por Sófocles que narra la historia de Edipo, un desventurado príncipe de Tebas, hijo de Layo y de Yocasta. Tal y como lo concibió Sófocles, la trama dramática va descubriendo la vida de Edipo, a modo de investigación. Muchos autores lo han comparado con una novela de suspense. El pueblo de Tebas se presenta a Edipo, su rey, para pedir la solución de la peste que asola el país. Creonte ha ido a consultar el oráculo de Apolo en Delfos. La respuesta es que Tebas debe purificarse de la sangre de su rey anterior, Layo, muerto en circunstancias misteriosas durante un viaje. Edipo maldice y condena al culpable y crea un reglamento en contra del que resultara ser el asesino, el cual decía que esta persona iba a ser expulsada del pueblo, y no iba a ser bienvenido en ningún hogar. El coro de nobles tebanos propone que se consulte a Tiresias, el adivino. La consulta se complica. El adivino da respuestas crípticas que irritan al rey. Tiresias le acusa, por fin directamente. El rey progresa en su ofuscación y acusa Creonte de conspirador. Llega éste, se enfrentan dialécticamente y tercia Yocasta. Edipo intuye poco a poco la verdad. Layo y Yocasta, reyes de Tebas, habian abandonado de niño a Edipo para que se muera, al conocer la profecía que será el asesino de su padre. Layo encargó a uno de sus súbditos que matara al niño, pero dicha persona no cumplió con la orden, solo perforó los pies del bebé y lo colgó con una correa de un árbol situado en el monte Citerón, faltando a su lealtad al rey Layo y también por el horror que le producía la orden que le habían dado. Por ese lugar pasó Forbas, un pastor de los rebaños del rey de Corintio, escuchó los grandes lamentos y llanto del bebé y lo recogió entregándoselo para su cuidado a Polibio. El niño es salvado y adoptado por el rey de Corinto que lo educa como si fuese su hijo. La esposa de Polibio, Peribea se mostró encantada con el bebé y lo cuidó con cariño en su casa, dándole por nombre Edipo, que significa "el de los pies hinchados". Edipo creció bajo el cuidado de Polibio y Peribea, y al llegar a los catorce años ya era muy ágil en todos los juegos gimnásticos levantando la admiración de muchos oficiales del ejército que veían en él a un futuro soldado. Uno de sus compañeros de juegos, con la envidia que le producían las capacidades de Edipo lo insultó y le dijo que no era más que un hijo adoptivo y que no tenía honra. Ante todo lo que había escuchado y atormentado por las dudas, Edipo preguntó a su madre si era adoptivo o no, pero Peribea, mintiendo, le dijo a Edipo que ella era su auténtica madre. Edipo, sin embargo, no estaba contento con las respuestas de Peribea y acudió al oráculo de Delfos, quien le pronosticó que el mataría a su padre y se casaría con su madre, y además le aconsejó que nunca volviese al lugar donde nació. Al oír esas palabras Edipo prometió no volver jamás a Corinto, y emprendió camino hacia Fócida. Durante su viaje, encuentra a Layo (su verdadero padre) acompañado por algunos guardias. Entre los dos surge una pelea, y Edipo mata al rey Layo y a su escolta. Llegado a Tebas obtiene así la mano de Yocasta: Creonte el rey de Tebas tenía una hermana llamada Yocasta. Creonte prometió dar la mano de su hermana y el trono de Tebas a aquel que consiguiera descifrar el enigma de la Esfinge. Dicho enigma era: ¿cuál es el animal que por la mañana tiene cuatro pies, dos al mediodía y tres en la tarde?. Edipo que deseaba la gloria más que nada dio respuesta al misterio de la Esfinge diciendo que era el Hombre, pues en su infancia anda sobre sus manos y sus pies, cuando crece solamente sobre sus pies y en su vejez ayudándose de un bastón como si fuera un tercer pie. La Esfinge, enormemente furiosa porque alguien hubiera dado la respuesta correcta , se suicidó abriéndose la cabeza contra una roca. Entonces Edipo se casó con Yocasta (que sin saberlo él era su madre) y vivieron felices durante muchos años teniendo varios hijos cuyos nombres son: Etéocles, Polinice, Antígona e Irmene. Un día hubo una gran peste que arrasó a toda la región sin que tuviera remedio alguno, y el oráculo de Delfos informó de que tal calamidad solo desaparecería cuando el asesino de Layo fuese descubierto y echado de Tebas. Yocasta cuenta lo que sabe: Layo murió en una encrucijada a manos de asaltantes de caminos. Edipo relata su historia. Vivía en Corinto y marchó de allí para rehuir los vaticinios de Apolo. Según éstos, Edipo mataría a su padre y se casaría con su madre. El caso es que mató a un viajero. Un mensajero llega de Corinto. Ha muerto el rey Pólibo y Edipo puede aspirar a la corona. Ante su preocupación por por la profecía de un incesto, el mensajero confirma que no hay peligro: es adoptado. Él mismo recibió un niño en pañales de un pastor de la casa de Layo. Se busca al pastor, quien confirma que el niño es, en efecto, Edipo. El Pastor reveló todo lo que había ocurrido en ese tiempo, terminadas las palabras del pastor, todos se dieron cuenta que Edipo era el hijo de Layo, al cual él había matado, al oír esto su esposa, Yocasta, salió corriendo hasta su cuarto y allí se encerró. Edipo no podía creer lo que estaba sucediendo, había dado muerte a su padre, pero además estaba casado con su propia madre, con la cual a pesar de todo tuvo hijos. Edipo fue hasta la habitación y al abrir la puerta se encontró con Yocasta colgando ahorcada del techo. Él recordó lo que dijo en contra del que resultara ser el asesino de Layo, y sacó unos alfileres de oro que tenía la mujer en su vestido y se picó los ojos con ellos. Creonte queda de regente. Edipo quería abandonar el pueblo con sus dos hijas -Antígona e Ismene- pero el nuevo gobernante se lo impidió, el desterrado, entonces, es acompañado hasta la salida del palacio tambaleándose apoyado en el cuerpo del Creonte. Y asi es como Edipo pasa de rey feliz a ser un desdichado, incapaz de valerse, sin patria ni casa. El coro invita a la reflexión.
Joseph K. se despierta encontrando a la policía en su habitación. Le dicen que debe ir a un juicio, pero no le informan de lo que ha sido acusado. Para averiguar el motivo de su acusación y protestar por su inocencia, intenta ver lo que hay detrás del sistema judicial. Acusado de un crimen que desconoce por jueces que no ve nunca y conforme a leyes que nadie puede explicarle, K. abrirá un número inimaginable de puertas intentando comprender la situación. A medida que el proceso ocupe más y más lugar en su vida, cada puerta constituirá una traba cada vez más alienante en el proceso judicial al que se ve sometido. Solo K. parece darse cuenta, en una lucidez irrisoria e inútil hasta el fin, de la total ausencia de hechos o eventos que clarifiquen la interminable incongruencia de su confinamiento.
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Escrito en primera persona, El Guardián entre el Centeno relata las experiencias de Holden Caulfield en la ciudad de Nueva York, después de ser expulsado de Pencey Prep, su escuela secundaria. Holden tiene diéciseis años, con algo de cabello gris lo cual lo hace ver más maduro. Es inteligente y sensible, pero narra con cinismo y con una voz cansada. Encuentra la hipocresía y fealdad del mundo que lo rodea intolerable y con su cinismo trata de protegerse del dolor y decepción del mundo adulto. Es un niño rico, hijo de un abogado, y tiene dos hermanos, una niña muy inteligente y un hermano mayor que es escritor. También tenía otro llamado Allie que murió de leucemia. No es un joven muy aplicado y además, casi nada le gusta. Es arisco pero en el fondo tiene buen corazón. Cuando es expulsado del colegio Pencey, donde estudia, tres semanas antes de que terminen las clases, decide regresar a Nueva York y vagar por ahí para que sus padres no se enteren de la expulsión. A travès de las páginas del libro asistimos a su periplo, en el cual se suceden variadas peripecias: se cita en un hotel con una prostituta, que luego le roba el dinero junto con su chulo; queda con una amiga; van al cine; regresa a su casa a escondidas para hablar con su hermana; se aloja en casa de un profesor de la que luego huye, después de que lo sorprenda acariciándole la cabeza mientras duerme. Todo ello salpimentado con las opiniones y recuerdos del joven acerca de su familia. Denostada por los sectores más conservadores de EEUU, esta novela revela los sentimientos y reflexiones de un adolescente de clase acomodada y, sin embargo, absolutamente disconforme con su vida, su entorno y sus congéneres. Las razones principales por las que este libro fue criticado eran principalmente su lenguaje ofensivo y sus referencias al abuso de drogas, alcohol y prostitución. Los críticos conservadores ven a Holden como un instigador de masas, distorsionando la mente de los jóvenes para convertirlos en "parias sociales". El relato menciona a personas exitistas, pacatas, prejuiciosas, superficiales, abúlicas, cuyo retrato parece resumir la idiosincrasia del estadounidense medio. Holden Caulfield, que se ha convertido en un icono del resentimiento adolescente, tiene una visión particular del mundo. Siente un extraño resentimiento por todo ser humano, los considera hipócritas, a veces sin razón aparente, a tal punto de deprimirse constantemente al notar la hipocresía que lo rodea. A pesar de tener un vocabulario limitado, Holden llega a ser muy ingenioso, y posee un humor muy sarcástico. También presenta indicios de mitomanía. Las primeras líneas del libro dejan en claro su forma directa de ser y hablar. La muerte de Allie, su hermano, de leucemia, cuando Holden tenía 13 años lo marca profundamente, emocional y físicamente, ya que la noche en que Allie murió, Holden, en un arrebato de furia, rompió todas las ventanas del garaje de su casa a puño limpio. Su hermano mayor, D.B., se convirtió en guionista de Hollywood. A Holden, que rápidamente expresa su odio por el cine, no le gusta que su hermano trabaje en Hollywood, a pesar de que disfruta al leer sus cuentos y novelas. Phoebe, a pesar de ser la hermana menor de Holden, es mucho más madura que él, y suele reprenderlo por su inmadurez y actitud infantil. Holden adora a Phoebe, al punto de llegar a ser sobreprotector, ya que Phoebe representa la inocencia para él. Es el deseo de volver a ver a Phoebe, su hermana menor, lo que le conduce de regreso al hogar cuando sus padres están ausentes. Mientras habla con ella, Holden inventa el único oficio para el que se siente apto: guardián en un campo de centeno al borde de un precipicio cerca del que muchos niños juegan. Imagina ser el encargado de cuidarlos para que no se caigan al abismo. La novela comienza con Holden narrando, desde lo que parece ser un hospital psiquiátrico, su expulsión de la escuela y su periplo por la ciudad de Nueva York, donde eventualmente llega a un punto donde no puede más y decide internarse para poder descansar de tanta "hipocresía". Como dato anecdótico se puede decir que éste era el libro de cabecera de Mark David Chapman, el hombre que mató a John Lennon. Aparentemente estaba obsesionado con él y lo llevaba encima cuando le mató. John Hinckley el hombre que disparó al presidente Ronald Reagan también estaba obsesionado con este libro. Esto le dio más controversia al libro de la que ya tenia, y fue fuente de referencia para ciertos tipos de conducta desviada. También se piensa que los motivos que llevaron a Lee Harvey Oswald a asesinar a J. F. Kennedy están relacionados con el libro. Jerome David Salinger nació en Nueva York el primero de enero de 1919 en el seno de una familia acomodada. Jugó entre los grandes edificios, paseó en bicicleta por Central Park y gozó de estupendos juguetes. Con doce o trece años se mudó a una casa mejor: era un chico rico de la gran ciudad. Cuando rondaba los quince años, su padre creyó que debía matricularse en la Academia Militar de Valley Forge. Allí se manifestó como un tipo especial. Era silencioso y pensativo, pero a la vez resultaba ingenioso y sutil, poseía un sentido peculiar del sarcasmo y se mostraba un tanto presumido y pomposo. Hacía muy bien las imitaciones de compañeros y famosos, y tenía una vocación clara hacia la interpretación. Usaba un lenguaje irreverente y amaba el periodismo y la literatura. A los quince años ya decidió ser escritor, y empezó a redactar los cuentos que le conducirán a la rara e inspirada perfección de su obra maestra. Entre 1936 y 1937 hizo un viaje por Europa (París, Londres y Viena) y lo aprovechó para escribir relatos. Más tarde, cuando se desató la II Guerra Mundial, participó en ella, sobre todo en Europa, como sargento de infantería. La experiencia bélica nunca le excitó ningún tipo de creatividad. Le costó una década publicar el libro «El guardián entre el centeno», que alcanzaría fabulosas cifras de venta y se transformaría en uno de esos libros de culto, porque propone una angustiosa, lúcida y humorística búsqueda de la identidad a través de la ironía, el dominio del lenguaje, el desparpajo y la dudosa ejemplaridad de un joven que no se resigna a aceptar lo que la sociedad le ofrece. Convertido en un fantasma viviente desde 1965, sigue escribiendo. No quiere que le tomen fotos, no ve a nadie, y desprecia a los intrusos. Lo que no puede evitar es ser un mito literario del siglo XX y haber escrito uno de los libros más vendidos y leídos en Estados Unidos y en el mundo entero: millones de jóvenes se ven reflejados en su radical protagonista. Podemos decir que es ya un relato clásico, traducido a 30 idiomas. En la actualidad es un libro de lectura obligada en los colegios americanos.
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El libro es un viaje transcontinental a un ritmo salvaje y acelerado (deserción del ejército francés, éxodo por tierras africanas y descubrimiento de las infelicidades norteamericanas) de Ferdinand Bardamu, un estudiante parisino, de familia humilde, razonador, antipatriota, semianarquista que se alista como voluntario, imprevisiblemente, apenas suena el primer toque de clarín. Enviado al frente, en medio de esa carnicería mecanizada, comienza a envidiar la suerte de los caballos, que revientan como seres humanos pero sin frases altisonantes. Asi el Ferdinand de la novela experimenta la gran mentira de la guerra en carne propia. Protagonista, narrador y autor convergen en la misma persona, un hombre joven y escéptico que, sin saber por qué se alista en el Ejército para combatir contra los alemanes y comprueba que la guerra no tiene nada de heroico. Después de recibir una herida y una medalla, pasa por varios hospitales donde unos médicos astutos lo persuaden de volver cuanto antes «al ardiente cementerio del campo de batalla». Enfermo, deja el ejército, parte hacia una colonia africana donde se asquea de la bajeza humana, agotado por el calor y la malaria tropicales. En las colonias francesas descubre un mundo tan corrupto y deshumanizado que parecería inverosímil si no fuera porque era real. Después de haber entrado clandestinamente en América, trabaja en la Ford, y encuentra una fiel compañera en la persona de una prostituta (éstas son las páginas más tiernas del libro). De regreso a Francia, termina sus estudios de medicina, y ejerce como médico en un barrio miserable en el que sus enfermos hablan mal de él y casi nunca le pagan. Aparecen los Henrouille, proponiendo con sus planes el asesinato de la vieja rica. El ataque frustrado acaba en la ceguera castigo de Robinson, su oscuro amigo. Y en la huida a Toulouse. La vuelta a París es con un trabajo en un siquiátrico. De manera que el fin del viaje de Ferdinand es un manicomio en el que por fin, disfrutará de cierta tranquilidad y un buen pasar económico, pero Robinson, como una mala sombra, volverá a aparecer en su vida y será asesinado por su prometida, a la que Ferdinand se había cepillado alegremente. Viaje al fin de la noche es una novela escrita al mismo tiempo con pasión arrasadora y rabia lúcida en la que Cèline nos muestra con crudeza la realidad que le rodeaba, sin compasión. A lo largo de cientos de páginas, descubrimos el día a día de Ferdinand Bardamu: un rara avis que deambula por medio mundo sin llegar a ninguna parte. Ferdinand Bardamu es un héroe desilusionado y castigado que vive experiencias extremas, siempre al borde del abismo: herido en la Primera Guerra mundial, enamorado de una prostituta sin futuro, víctima de un trabajo embrutecedor en las colonias francesas en África, perseguidor del "sueño americano" que no se parece al del publicitado mito. Cèline es un viajero observador, cáustico y sin compasión que escribe un libro autobiográfico, marcado por una prosa ácida y agresiva. Desde el punto de vista técnico, Céline no se complica. La novela es más bien un diario, escrito por tanto, en primera persona. A pesar de que el personaje se llame Bardamu, sabemos que es Céline. Es casi una autobiografía, donde el autor no tiene que inventar tramas, dramas o hilos argumentales. Se trata de la tarea tan sencillamente compleja de narrar la vida, su vida. Sin embargo, Céline es mucho más ordenado de lo que parece. Basta tomar una lupa y fijarse en su prosa para comprobar, como mantiene una estructura narrativa más organizada de lo que a priori creemos. De esta forma el autor fue creando a lo largo de su obra un universo tragicómico y delirante, a la vez mezcla de experiencias propias y ficticias, usando un estilo telegráfico, rebosante de molestos puntos suspensivos que cortan el hilo del discurso lógico y obligan al lector a un ímprobo esfuerzo para enterarse de algo de lo que le están contando. Ya catapultado al éxito, indignado con los empresarios judíos que se niegan a estrenarle un ballet, comienza a gestar un antisemitismo que tiene una primera manifestación en 'Bagatelas para una masacre'. (1937), a la que seguirán varias obras menores, siempre nacidas de su odio a los hebreos. Los puntos de vista exacerbados de Céline, y sus escritos antisemitas de fines de los años treinta, hicieron que se le acusara de colaboracionismo con los nazis. Debido a ello, Celine estuvo exiliado en Alemania y Dinamarca en 1944. Después de la caída del régimen de Vichy, la vida de Céline será una sucesión de sufrimientos que parecen copiados de sus propias novelas. Y parece confirmarse que la vida imita al arte hasta en sus aspectos más desgarradores. En 1944, Céline se retira de Francia junto con las tropas alemanas. Hace una escala en Alemania, donde paradójicamente sus libros están prohibidos. Condenado en su país busca refugio en la neutral Dinamarca, donde asimismo se chupó un año de cárcel. Indultado en el 51, volvió a casa para acabar su obra en el ostracismo. Finalmente, muere casi olvidado, un primero de julio de 1961.
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Documental sobre Louis Ferdinand Céline:
“Mujeres” es una de las más aclamadas novelas de Bukowski. Es una obra acerca del amor. Aunque su génesis se halle en la perversa cabeza de Charles Bukowski y aunque cada página de la novela original esté empapada de alcohol, disputas de remolienda y chicas malas para un chico aún más malo. En “Mujeres”, su alter ego Henry Chinaski, el `viejo indecente´, un perdedor nato, se encuentra a los cincuenta años con una creciente reputación literaria, algún dinero en el banco y mujeres: montañas de mujeres. Se le ofrecen en los recitales de poesía, le escriben cartas procaces, le telefonean sin cesar. Y Chinaski las quiere todas, quiere desquitarse de sus largos años de forzadas abstinencias. Y a la vez, este gigantesco maratón sexual es un proceso de aprendizaje, de conocimiento, en el que Bukowski no escatima sarcásticas observaciones sobre sí mismo. El relato describe incontables borracheras mientras cuatro chicas recorren la geografía de la vida bohemia de Henry Chinaski. Lydia, la bipolar favorita de Buko, DeeDee la incondicional, Cecilia la novia del mejor amigo y Tanya la nínfula deseosa y deseable que recrean los mejores párrafos de la mejor novela de Bukowski. Charles era hijo de un militar americano y una guapa alemana y siempre ha estado patente en sus relatos el odio hacia su padre por su carácter extremadamente abusivo y violento y su indiferencia hacia su madre que siempre fue esclava sumisa de su padre. Su desarrollo en la etapa adolescente se vio fuertemente afectado por el acné vulgaris que contrajo y que le hizo hacerse aún más huraño y violento de lo que había sido de pequeño. Su siguiente etapa (después de un intento fallido en la escuela de periodismo) fueron diez años en los que intentó convertirse en escritor en Los Ángeles, pero más bien lo que consiguió fue alcoholizarse totalmente y adquirir ese porte de vagabundo con clase que le hizo famoso. En estos años pasó por innumerables empleos que no le duraban más de unas horas e incluso se dedicó a boxear aprovechando las tablas que había adquirido peleándose con todo tipo de personajes en los bares que tanto frecuentaba. Esta etapa terminó con su ingreso en un hospital de la beneficencia con el hígado totalmente ulcerado y los intestinos reventados literalmente de tanto beber, en 1954. Los médicos le dieron por acabado y le ingresaron en una sala donde estaban todo este tipo de pacientes, y donde las enfermeras hacían viajes cada diez minutos para recoger los cadáveres de los que hace un momento eran pacientes, pero inexplicablemente Bukowski revivió y con más fuerza que nunca. Por último tenemos al Bukowski rico y famoso, el más depravado de todos. En los sesenta la generación Beat vio en él un puntal estable al que agarrarse con fuerza y un ídolo bibliográfico al que admirar, y de hecho Buk vendió más de un millón de ejemplares de sus libros en un año. Pero la fama lo único que hizo fue potenciar aún más la personalidad que le había llevado a ser esa especie de estrella del rock escritor. Como detalle se puede señalar que en sus recitales de poesía había tanta gente como en los conciertos de rock y la gente tenía una actitud muy similar, todos bebían, fumaban y voceaban al ver a su ídolo recitar sus obras con una caja de cervezas al lado que siempre terminaba vacía al final de la lectura. Buk aprovechó aquella época para saciar ese deseo sexual que siempre acompañaba a sus obras y empezó a tocar la parte erótica de sus relatos con más intensidad. El sexo siempre fue muy importante en la vida de Buk y el siempre se sintió traumatizado con sus experiencias con las mujeres, que siempre acababan siendo catastróficas, especialmente en el caso con su primera mujer, que murió con él durante uno de sus maratones de alcoholismo. La obra de "Buko" está orientada hacia un enfoque minimalista, técnica narrativa escueta y directa, carente de adornos estilísticos, frases y párrafos cortos, sin esmerada ortografía, pocos personajes, poca acción, de tono apagado y lineal, sin movimiento, intriga ni trama. En conclusión, Charles Bukowski ha sido uno de los autores más importantes de la literatura del siglo XX, y es que este escritor pasó de ser un borracho al que nadie quería tener cerca y que vivía como un vagabundo en Los Ángeles a ser un ídolo de masas (cosa rara en un escritor) admirado por los intelectuales, por las clases populares y por muchos artistas que cada año le rinden homenaje en sus propias obras.
Corren los años siguientes al fin de la 2ª Guerra Mundial y los jóvenes, inquietos en la búsqueda de nuevas sensaciones, de cambio, de vida; conviven con un mundo anquilosado de estructuras sociales y morales. Sal Paradise, un joven escritor neoyorquino, conoce a Dean Moriarty, un alocado, extraño, ambivalente, ángel y demonio; juntos y con otros diferentes compañeros cada vez, recorren Estados Unidos, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York en autostop o a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados. La vida rápida del asfalto contagia su aceleración en los sitios donde paran. El ritmo del jazz y el bop, marca su tono. El sexo, el amor, el alcohol, las drogas son gasolina directamente surtida al cerebro; pero, en realidad, es la amistad el motor de todas sus acciones. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo stablishment. Era la juventud beat; era, en realidad, un libro semi-biográfico de los viajes del propio Jack Kerouac, de Neal Cassidy, Allen Ginsberg y William Burroughs, por las carreteras de la Norteamérica de los 40. Con el paso del tiempo, En el camino, un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una "novela de culto" y en un clásico de la literatura norteamericana.
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