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viernes, 25 de octubre de 2013

El secuestro de Miss Blandish de James Hadley Chase por Robert Aldrich (1971)



Cuenta cómo unos delincuentes de poca monta planean robar un caro collar de perlas a la joven heredera de la fortuna de los Blandish. Pero todo se tuerce, y el asesinato del acompañante de Blandish los lleva a tener que secuestrarla. Y todo se estropea aún más (es una constante en las novelas de Chase que situaciones aparentemente controladas se tuerzan repetidas veces) cuando los secuestradores cae en manos de otra banda más dura y cruel, la de los Grisson (inspirada a su vez por el célebre caso del clan de Ma Baker), que liquida a los aficionados, cobra el rescate haciéndose pasar por ellos y, debido a la rara sexualidad del cabecilla de los Grisson (y títere a su vez de su despótica y terrible madre), deciden no liberar a la rehén y quedársela como esclava sexual de Slim Grisson. El señor Blandish encarga a un periodista reconvertido en investigador, Dave Fenner, rescatar a su hija. Cueste lo que cueste. A medida que pasa el tiempo y crece la incertidumbre entre la familia Blandish, Slim, influido en exceso por su dominante madre, se irá enamorando progresivamente de Barbara, quien a su vez trata de seguirle el juego para, de esta forma, intentar escaparse. Slim es un enfermo perverso que responde a las órdenes de su madre, la verdadera líder la pandilla Grisson. Ma Grisson es una vieja siniestra que somete a terribles tortura psicológicas y físicas a la joven Blandish. Por supuesto, no falta un duro detective como Fenner, quien se enfrenta a los peligrosos villanos para intentar rescatar con vida a la víctima. El Personaje de Ma Grisson estuvo basado en la legendaria delincuente Kate “Ma” Baker, cuyos hijos formaron la famosa pandilla Barker-Karpis que entre 1931 y 1935 fueron responsables de numerosos crímenes en los Estados Unidos. En realidad este libro de Chase publicado en 1939 fue el que la convirtió en una leyenda a la mujer, ya que de acuerdo al FBI, la señora no dirigía la banda que formaban sus hijos. Más bien era un cómplice, debido a que solía ayudarlos en sus golpes. Ma Barker fue acribillada por oficiales del FBI cuando intentaron detener a su hijo Fred, quien también murió en el tiroteo el 15 de enero de 1935, en Ocklawaha, Florida. En realidad la imagen de criminal que le dieron a la señora Barker fue creada por el FBI para justificar el asesinato de la mujer. La banda de los Grissom es una adaptación de El secuestro de Miss Blandish, a partir de la cual Aldrich elaboró una tragedia cínica y sangrienta, utilizando magníficamente. Aquí la época de la Depresión no es un mero telón de fondo destinado a poner de relieve la fotogenia de los trajes o los escenarios de entre finales de los veinte, momento en el cual se produjo el tristemente célebre crack financiero de Wall Street, y buena parte de la década de los treinta, durante la cual la nación norteamericana sufrió profundamente las consecuencias de esa debacle; por el contrario, aquí la pobreza resulta física, palpable, y sobre todo, ofrece un doloroso contraste entre los personajes ricos, tal es el caso de la secuestrada Barbara Blandish, y los pobres, los componentes de la banda de los Grissom, que se apoderan de ella y pretender cobrar un millón de dólares por su rescate. Lo que al final subyace en el fondo del relato no es tanto un agudo dibujo de las diferencias de clase social como, en particular, la descripción del odio a ultranza, el desprecio visceral y sin miramientos, que hay entre todos y cada uno de unos personajes descritos sin el menor asomo de simpatía hacia ninguno: los Grissom, odian a su prisionera, Miss Blandish, por el mero hecho de ser, al contrario que ellos, una persona adinerada; y la joven Barbara Blandish, caprichosa y acostumbrada a tener todo lo que le viene en gana sin esfuerzo, les detesta no tanto porque la hayan secuestrado como, precisamente, por el hecho que de que sus secuestradores no sean más que unos muertos de hambre… Ni que decir tiene que el panorama humano que muestra Aldrich en La banda de los Grissom es tan áspero, cruel y sin entrañas, que no resulta de extrañar que la violencia entre los personajes brote aquí más espontáneamente que nunca en la carrera de este virulento cineasta. Resulta inolvidable al respecto la dura secuencia en la que, tras haber rechazado los avances con miras sexuales de Slim, el más joven y retrasado miembro de los Grissom, Barbara reciba una brutal paliza a puñetazos por parte de Gladys «Ma» Grissom. De hecho, ninguna de las relaciones humanas que se entablan en el film hace gala del menor signo de afectividad: «Ma» Grissom detesta a su marido, Doc, que le parece un pusilánime (de ahí que, en el violento clímax final, todavía tenga tiempo, en medio del tiroteo con la policía, para aprovechar que Doc se da la vuelta tras decirle que la deja y pegarle un tiro por la espalda…); el millonario John P. Blandish mira con desprecio al detective privado que ha contratado, Dave Fenner, porque le parece alguien «inferior» a él, aún tratándose del único hombre que puede recuperar a su hija con vida; entre los hermanos Grissom hay, asimismo, considerables dosis de resentimiento, sobre todo a raíz del momento en que «Ma» Grissom decide que lo mejor que pueden hacer con Barbara después de haber cobrado el rescate es acabar con ella: ese anuncio pone sobre aviso a Slim, que en su locura se ha enamorado de Barbara y con tal de protegerla de su familia está dispuesto, incluso, a matar a su propia madre. No es de extrañar, en este sentido, que el único apunte sentimental de semejante relato venga dado, paradójicamente, por la historia de amor imposible entre Barbara y Slim, la chica rica y el delincuente demente: los dos extremos de una trama que parece moverse, asimismo, entre la soberbia y la locura.

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viernes, 11 de octubre de 2013

El misántropo de Moliere por Francisco Abad (1970)

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miércoles, 31 de julio de 2013

El largo adiós de Raymond Chandler por Robert Altman (1973)



"La primera vez que posé los ojos sobre Terry Lennox, él estaba borracho en un Rolls Royce Silver Wraith, frente a la terraza de The Dancers. Tenía un rostro de aspecto juvenil, pero su cabello era de color blanco hueso." Son las palabras del narrador, el irónico y sentimental detective Philip Marlowe, al comienzo de esta admirable novela, acaso la más lograda de su autor y también uno de los libros más conmovedores y poderosos del siglo XX. La escribió mientras su mujer, Cissy, se estaba muriendo y es una novela que alcanza una intensidad emocional nunca lograda en este género hasta entonces. Uno lee esas primeras palabras y ya sabe que la relación entre Philip Marlowe y Terry Lennox no va a ser trivial. Pero, ¿quién es Terry Lennox?. Una buena parte de la gracia de esta novela estriba en que nunca se termina de averiguarlo del todo. Al principio no es más que un alcohólico, casado con una casquivana millonaria que lo trata como un pelele y cuya tiranía él acepta mansamente. Pero tiene maneras distinguidas, su trato resulta agradable y establece con Marlowe, que lo recoge del suelo en medio de una de sus formidables melopeas, una sintonía inmediata. Es imposible no simpatizar con Lennox, porque hay en él algo que inspira ternura, porque parece indefenso y a la vez fuera del alcance de todos. A fuerza de ir juntos al Victor’s, un bar semivacío donde siempre beben lo mismo, gimlet, Marlowe y el borracho acaban por tomarse afecto. Terry Lennox le cuenta que su mujer, Sylvia, le ha abandonado. A Marlowe le intriga la educación y el acento inglés y la afabilidad de Lennox. Al cabo de unos meses se vuelven a encontrar y Lennox le cuenta que se ha vuelto a casar con su ex-mujer. Entonces, Terry Lennox aterriza en el ático de Philip Marlowe una buena noche de verano a las cinco de la madrugada pidiéndole que le lleve al aeropuerto de Tijuana. Parece como si hubiera matado a su mujer, Sylvia, pero Marlowe no avisa a la policía porque no cree que haya sido Lennox. Su mujer había aparecido muerta en la casa donde solía encontrarse con sus amantes, con el rostro reducido a una pulpa sanguinolenta. Terry le pide a Marlowe ayuda para huir a México. Marlowe, sin hacer preguntas, le lleva en su coche al otro lado de la frontera. Al regresar a casa se encuentra con que la policía le pide explicaciones de mala manera. Marlowe se encuentra en su casa al sargento Green y al detective Dayton. Marlowe no coopera y se lo llevan a la comisaría. Termina entre rejas acusado de complicidad en un asesinato, y le sueltan cuando las autoridades del pueblecito de Otatoclan informan del suicidio de Lennox. Asi Marlowe se entera de que Lennox se ha suicidado. Pero antes de matarse, su amigo tuvo tiempo de enviarle una carta, y con ella un ejemplar de un raro billete: uno que lleva un retrato de Madison y vale 5.000 dólares. En la carta, Terry le dice adiós y le pide que vaya al Victor‘s a tomarse un gimlet en su memoria. Y Marlow cumple el encargo. De manera que Marlowe ayuda a escapar a México a un amigo rico, al que cree inocente del crimen del que es acusado, y eso primero le cuesta la cárcel y luego le abre las puertas de la alta sociedad californiana, saliendo de todo el asunto más escéptico que nunca. A partir de aquí, y esto sucede antes de completar el primer tercio del libro, Terry Lennox está ausente, y sin embargo sigue teniendo un protagonismo intenso en la historia. Por creer en su inocencia, Marlowe inicia una tortuosa investigación que le depara mil sinsabores: la policía le detiene y le golpea, un mafioso local le amenaza y el opulento padre de la difunta, que no quiere escándalos, le sugiere que más le vale abandonar sus indagaciones. Un segundo argumento empieza cuando Howard Spencer, un periodista, llama a Marlowe para pedirle que cuide de Roger Wade, un escritor alcohólico, un tanto violento, y que desaparece de vez en cuando. Con estos dos planteamientos se va desarrollando y entramando el argumento de esta obra. Esta obra es en la única en la que Marlowe tiene una relación con una mujer, Linda Loring. Pero también conoce a una criatura de ensueño, la ausente rubia de ojos violetas Eileen Wade, ante cuya apabullante aparición el detective improvisa una teoría sobre las rubias sencillamente antológica. Eileen Wade es una asesina totalmente convincente, pero el hecho de que cometa dos asesinatos casi carece de importancia. En realidad lo importante es el estudio del conflicto de las lealtades y el estudio del personaje Terry Lennox. La novela comienza con el misterio de Terry lennox, luego el misterio de Roger Wade. La conexión entre ambos es Eileen Wade antes mujer de Lennox y ahora de Wade. Cuando ella confiesa los dos asesinatos y se suicida, el interés vuelve a Lennox, con quien el libro termina. A lo largo de su investigación, Marlowe conocerá a otro Terry Lennox: su pasado oscuro y trágico, la verdadera índole de sus sentimientos y de su carácter. Tanto Lennox como Marlowe son personas solitarias, desencantadas y destilan cinismo. Estas características los acercan y les permite compartir gimlets en un par de bares que comienzan a frecuentar. El tratamiento del tema de la amistad nunca había recibido tanta dedicación por Chandler y su exploración le permitió realizar su novela más ambiciosa y mejor lograda por la elaboración psicológica de sus personajes. La amistad entre Lennox y Marlowe se desenvuelve con aparente naturalidad, aunque el primero mantiene un incómodo secreto y el segundo se aferra a una lealtad que incluso lo enfrenta con la policía. A la postre se descubrirá la asimetría de su relación y la flaqueza de los andamios que la sostenían. A lo largo de la trama, Marlowe va recolectando desengaño tras desengaño y, por ello, vemos que el personaje se va suavizando y manifiesta menos cinismo que en los otros libros. Incluso los editores de Chandler le enviaron una carta muy cortéz, pero que manifestaba su discordancia por el nuevo sentimentalismo del personaje. En un principio, Chandler realizó algunas correcciones para endurecer a Marlowe, pero, después de un viaje a Inglaterra, prefirió romper con la editorial y mantener el giro romántico de Marlowe. Él mismo se reconocía, en esos momentos, como un sentimental y dijo "Soy lo bastante anticuado para estar profundamente enamorado de mi esposa después de veintiocho años de matrimonio." Marlowe que se niega a dejarse ganar por la realidad y donde, para no renunciar a la amistad, cierra consciente y deliberadamente los ojos ante el hecho de que su amigo, el hombre por el que él ha mentido, ha sido vapuleado y ha mantenido la boca cerrada, le ha traicionado desde el principio. Como se ve, la obra de madurez de Raymond Chandler, El largo adiós, discurre a través de una compleja trama. El detective no sólo encarna aquí, una vez más, una honradez y rectitud que, por raras, lindan con la extravagancia, sino que a lo largo del libro, tanto él como el resto de personajes que se imbrican en la acción, son matizados con una sensibilidad que hace que la novela trascienda de forma indudable de las convenciones del género. Al paso, Chandler va trazando un vivo retrato de la sociedad californiana de su tiempo y una demoledora descalificación del american way of life: una civilización de brillantes envoltorios que principalmente contienen basura, en las palabras del magnate Harlan Potter, tan vigentes ahora como en 1953 (si no más). Como nunca antes, la propia ciudad de Los Ángeles se manifiesta contundentemente como si fuera otro complejo y desilusionado personaje. En suma, El largo adiós es una lección sobre cómo contar una historia, una galería de personajes plenos y seductores, instantes para la risa y para la emoción y, sobre todo, una mirada moral sobre el mundo. No se puede pedir más. Raymond Chandler nació en Chicago en 1888. Se educó en Inglaterra, publicó ensayos y poesías en algunas revistas, fue funcionario público, comandó un batallón canadiense en la Primera Guerra Mundial y a los 30 años se convirtió en ejecutivo de una compañía petrolera. Se enamoró de una mujer casada 17 años mayor que él, con la que se casó después de que ella se divorció. En 1932, en plena Depresión, fue echado del trabajo por ausentismo, originado en su agudo alcoholismo. Entonces trabajó de empleado bancario, de vendedor de raquetas de tenis y de recolector de duraznos. A los 45 años se decidió definitivamente a escribir (su vocación postergada largamente). La revista "Black Mask" le publicó en 1933 su primer cuento, "Los chantajistas no disparan". Recién cuando Chandler tenía 51 años, en 1939, apareció "El sueño eterno", la primera novela de su cínico, solitario y alcohólico alter ego, Philip Marlowe. Después vinieron "Adiós muñeca" (1940), "La ventana siniestra" (1942), "La dama en el lago" (1943), "La hermana menor" (1949), "El largo adiós" (1953) y "Playback" (1958). Chandler se desbarrancó la tras muerte de su esposa en 1954, luego de una larga y penosa enfermedad. Recrudeció su alcoholismo, e intentó suicidarse. El 26 de marzo de 1959 falleció de una neumonía, a los 70 años, en La Jolla

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viernes, 26 de julio de 2013

Las uvas de la ira de John Steinbeck por John Ford (1940)



Basada en la célebre novela del premio nobel John Steinbeck, Las uvas de la ira es la obra maestra de John Ford, el conocido director de westerns reaccionarios como La diligencia. Por eso asombra este retrato izquierdista y épico de una familia de agricultores que, después de ser despojados de sus tierras, se ven obligados a vagar por un Estados Unidos empobrecido, ésteril, víctima de la depresión económica. A diferencia del tópico gringo de retratar a los campesinos como seres obtusos e ignorantes, esta película los muestra en toda su dignidad humana, gracias a sus excelentes historia y fotografía, y a las memorables actuaciones con un reparto de primera linea encabezado por Henry Fonda. Ganadora de 2 oscares en su momento, esta conmovedora historia de campesinos que intentan mantener su dignidad en la absoluta pobreza, ha sido incluida en todas las listas serias de las 100 mejores películas que se han realizado hasta la fecha.

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domingo, 21 de julio de 2013

El perro del hortelano de Lope de Vega por Pilar Miró (1996)



Publicada en Madrid, supuestamente en 1618, se trata de una comedia de enredo. Diana, condesa de Belflor, es una joven perspicaz, impulsiva, inteligente y egoísta, fiel representante de cómo eran los integrantes de las clases altas y dominantes en aquellos tiempos. Sentía un gran desprecio por sus sirvientes a los cuales maltrataba, más allá que llegó a tener una relación de amistad con su dama Marcela. Diana descubre los amores entre Marcela y su secretario Teodoro. Nada más consentir el compromiso, se siente atraída por Teodoro, y como no puede casarse con él, al ser de clase inferior, tampoco quiere que se case con Marcela. Movida por los celos y la envidia, hace todo lo posible para separar a los dos enamorados. Teodoro aspira a convertirse en conde casándose con Diana, y es su criado Tristán quien le resuelve el problema, haciéndolo pasar por el hijo secuestrado del conde Ludovico. Así, las clases sociales se igualan y el matrimonio puede efectuarse. El tema central de la comedia es el enfrentamiento entre el amor y el honor, y queda ya configurado desde el primer acto. El conflicto del honor surge al enamorarse Diana de un hombre socialmente inferior, y se resuelve mediante un engaño. No se puede decir que los protagonistas destaquen, precisamente, por sus virtudes o nobleza de carácter. Ambos ven satisfechas sus ambiciones, Diana su amor caprichoso y Teodoro su deseo de ascensión social. Ambos recurren a métodos poco ortodoxos para conseguirlo. Diana es una protagonista femenina insólita en el teatro barroco, pues no depende de ningún hombre. Es dueña de su vida, no tiene padres ni hermanos y es rica. Domina en un mundo masculino. ¿Por qué casarse, entonces? Su amor por Teodoro surge por orgullo y celos, ya que no puede soportar que un hombre prefiera a otra mujer antes que a ella. Es caprichosa, segura de sí misma y enredadora, además de tratar a sus sirvientes con desprecio. Teodoro es también un personaje negativo, pues sólo usa su inteligencia y habilidad en beneficio propio. Su bajeza moral queda reflejada en la forma en que juega con los sentimientos de Marcela. Su amor por Diana nace de su ambición de ascender en la escala social. Lo que llama la atención es que se premien las malas acciones, lo cual es impropio del teatro de Lope. Lejos de ser castigadas, se ven recompensadas con su boda, y más en el caso de Teodoro, al obtener un título nobiliario que no merece, pues lo consigue mediante engaños. La finalidad tantas veces señalada como propagandística del teatro de Lope no está presente aquí. En ningún momento aparece el rey para deshacer el entuerto de forma justa, ni se hace referencia a las excelencias de la monarquía o la religión católica. Tampoco los comportamientos viles tienen su castigo, como en otras obras de Lope.

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