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jueves, 11 de julio de 2013

La Dolce Vita de Federico Fellini (1960)



Marcello Rubini es un papparazzi, en busca de celebridades, que se mueve con insatisfacción entre las fiestas que celebra la burguesía de la época. Un día es informado de que Sylvia, una célebre diva del mundo del cine, llega a Roma. Marcello decide que ésta es su oportunidad de conseguir una gran noticia, y perseguirá a esta bella dama por las fiestas nocturnas de la ciudad. Asi, carente de una estructura tradicional en su trama, el filme presenta una serie de noches y mañanas a lo largo de la Via Veneto en Roma, vistas desde los ojos de su personaje principal, interpretado por Marcello Mastroianni. Con este film, Fellini demuestra que una película no necesita argumento en absoluto para convertirse en una obra maestra. En conjunto “La dolce vita” es una película con una estructura brillante y muy regular y el ritmo no decae nunca. Marcello Rubini es un hombre que no está comprometido con nada, como demuestra en sus relaciones con su simple y celosa amante (Yvonne Furneaux), con una sofisticada mujer (Anouk Aimée) con la cual tiene una relación temporal y con una multitud de otros personajes que habitan en Via Veneto. Marcello quiere dejar su trabajo como columnista de chismes para convertirse en novelista, pero parece que nunca es capaz de concentrarse lo suficiente para hacer algún progreso en sus escritos. En la famosa primera escena del filme, Marcello está en un helicóptero para llevar al Vaticano una estatua de Jesús. En el camino, el helicóptero se para para observar a un grupo de mujeres que están asoleandose en un techo. Marcello pregunta a las mujeres por su número telefónico y éstas le preguntan hacia dónde lleva la estatua. El ruidoso motor del helicóptero evita el mutuo entendimiento. Este tema de la falta de comunicación se vuelve a tocar a lo largo del filme. Entre los episodios más famosos de La Dolce Vita están: la escena en que Silvia (Anita Ekberg) baila entre el agua de la Fontana di Trevi, empapada, húmeda, con su mejor vestido, sin importarle nada de lo que ocurre fuera. Ni siquiera la atenta mirada de Marcello que la contempla consciente de que aquella mujer es, y no otro, el monumento que ningún turista debería dejar de admirar. Pero la escena no se queda ahí, porque llega un momento en que Silvia invita a Marcello y este harto de quedarse fuera, se suma. Los dos, empapados, pasean bajo los chorros del agua y, como si el tiempo se hubiera detenido esa noche sólo para ellos, se funden en un apasionado beso. También es memorable la gran escena goyesca del falso milagro, donde dos niños mienten acerca de una supuesta aparición de la Virgen en las afueras de Roma, en donde se ve una multitud inmensa. Tampoco se puede olvidar el estremecedor episodio de Steiner (interpretado por Alain Curry), un amigo intelectual de Marcello con una vida familiar perfecta, quien termina asesinando a sus hijos y cometiendo suicidio. Tras la muerte de Steiner, Marcello se adentra en una vida sin sentido de orgías, después se marcha, muy temprano, en la mañana para encontrar a un monstruo marino muerto en la playa, el simbólico final del filme.

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